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CUENTOS DE MEDIANOCHE Vol.11: LIBERIO APRIETA DE NUEVO (!Aprieta fuerte Liberio¡ 3ª Parte)
Ahora Liberio, de pronto,se sentía casi un ser afortunado. Ahí afuera el mundo era una mierda. Siempre lo había sido. Pero dentro de su cabezita sentía que tenía algo a lo que agarrarse: una pelota. Una pequeña,sucia y maltratada pelota que había recibido tantos golpes como él. Liberio se sentía en comunión total con ella. Y empezó a apretarla, cada vez con más fuerza. La apretaba todo lo fuerte que podía pero sin llegar al límite de romperla.Tú y yo juntos, pensó Liberio. Ahora nos tenemos los dos el uno al otro, tú serás mi compañera inseparable.Liberio no tenía sueños,ni ilusiones,ni planes de ningún tipo,no tenía nada .Pero seguía adelante.
Cierto día un preso le dijo con voz cascada y estruendosa:-"¡Eh tú!¡Pitufina!"-Si,también ese era ahora uno de sus apodos dentro de la cárcel.-"Yo...no..."-Las palabras se le atragantaban a Liberio."...me llamo así."-hubiera querido acabar diciendo Liberio. Pero"yo no"fue todo lo que salió de su boca.Liberio no solía protestar nunca, pero el hecho de que en situaciones de extremo abuso intentara decir algo ya demostraba algo de valor, aunque luego como es lógico no consiguiera convertir esa queja en palabras reales-"¿No eres tú la novia de todo el módulo, pitufina?"-soltó el preso.-"Ven aquí"-Liberio se acercó tímidamente.-"Tócame la polla"sentenció aquel preso sacandose la susodicha,cogiendo la mano de Liberio y acompañandola hasta sus partes pudendas. Grave error. Había metido su preciado aparato reprodutor en un extraño mecanismo cuyos mandos se encontraban en algún lugar recóndito dentro de la cabezita de Liberio. ¡ Vete tú a saber cómo coño funcionaba aquello!Y Liberio empezó a apretar.Y apretó. Y apretó. Y apretó. El pobre preso gritó con todas sus fuerzas primero, luego notó que le faltaba la respiración y cayó al suelo. Entre los dedos de la manita de Liberio parecía que aquel pene y sus dos amiguitos redondos iban a estallar salpicando de líquidos a ambos especímenes de la raza humana. Otros presos que habían seguido la escena con gran divertimento se apresuraron a coger a Liberio del cuerpecito y estirar-"¡Vamos chicos!¡Estirar fuerte de este pequeño cabrito!".Pero aquello era peor. Parecía que el libélula se había desconectado y su mano no dejaba de apretar como la mandíbula de un pit-bull.Al final a alguien se le ocurrió darle un golpe en la cabeza.Otro le dió una patada en la muñeca y al final Liberio soltó a su presa y quedó inconsciente en el suelo, mientras aquellos cataplines quedaron completamente amoratados. Desde entonces Liberio gozó de un cierto respeto. Por supuesto siguió siendo objeto de burlas, pero los abusos se redujeron ostensiblemente. Algún tiempo después(no tenemos datos concretos)Liberio consiguió un permiso."Este hombre está completamente rehabilitado"-aseguró uno de los psicólogos del tribunal."Estoy convencido de que está capacitado para rehacer su vida con toda normalidad"-auguraba otro dándose aires de infalibilidad.
Y así un soleado día de invierno Liberio y su pelota alcanzaban la libertad. Cuatro días de permiso.Un billete de tren de ida y vuelta con destino a su pueblo es todo lo que tenía en los bolsillos.
Tras viajar durante todo el dia Liberio se presentó al anochecer en casa de sus padres(que por cierto no habían visitado a su hijo en todos estos años).Ocultándose a la vista de los demás,había conseguido que nadie del pueblo lo viera. La sorpresa para los padres fue mayúscula, el recibimiento frió, la situación embarazosa. Liberio tampoco sintió nada, emoción cero. Si alguna vez hubo algo dentro de él, ya había desaparecido. Ahora era un ser vació, aunque él ni siquiera lo sabía. Después de las clásicas falsas preguntas de rigor a las que Liberio contestó con monosílabos la madre le preparó un bocadillo y le enseñaron su habitación. Liberio pensaba que sería como en la televisión y que su habitación estaría tal como él la dejó cuando se fue de casa. Pero ahora era un trastero. Eso sí, había un viejo colchón de espuma."Buenas noches, Libe"-le dijeron sus papas.Y la desvencijada puerta se cerró tras ellos. Liberio se quedó pensando...
El padre avisó rapidamente a la policia, pero antes llamó con tiempo a los programas de la tele, aquellos que él y su mujer no se perdían ni un solo día de la semana y en uno de los cuales los padres de Liberio gozaron de sus quince minutos de gloria años atrás cuando el libélula se cargó a su doña.
La policía no comprobó nada."¿No deberíamos informarnos primero?"-preguntó un joven agente novato-"¡Novato!Aquí ya no estás en la academia y hay que actuar con rapidez,el individuo en cuestión es peligroso y se nos podría escapar, las comprobaciones las haremos sobre el terreno". espetó un agente más veterano, quien por cierto también le había echado sus buenos casquetes a Pepa, la fallecida esposa de Liberio. Cuando tres coches patrulla se cruzaron delante del edificio donde vivían los padres de Liberio,un periodista cámara en mano y otro con micrófono ya les esperaban, otra pareja de reporteros ya entraban en casa de Liberio dispuestos a hacerle unas preguntas."¡Pasen!¡Pasen!Por aquí."-Los padres intentaban hacerse con el protagonismo de la situación.
-"¡Aquí Vicente Riñones!En directo para TELECHISME, desde las alcantarillas de la sociedad..."-decía el periodista hacía la cámara, micro en mano, los padres de Liberio se miraron, sonriendo como niños, sintiéndose importantes.
-"¡Oiga!¿No han venido los de DONDE ESTÁS MARUJÓN?"- preguntó la madre del libelula un tanto decepcionada.
-"¡Señora!¡Que esos son de la competencia¡Venga!¡Venga!¿Dónde está ese tarado?"
-"¡Por aquí!" Liberio se sobresaltó al ver luces azules centelleando en la noche desde su ventana de cristales mohosos.Como un resorte salió disparado de la infecta habitación. Por el pasillo venían dos periodistas acompañados de sus padres. Liberio literalmente pasó agachado por entre sus piernas, la puerta de casa estaba abierta de par en par, la policía ya subía por las escaleras, en el patio no había luz, varias linternas apuntaban hacía arriba. Liberio se echó escaleras arriba, en los pulmones le faltaba el aire, el corazón se le hacía gigantesco, bombeaba irregularmente a una gran potencia y parecía querer salírsele del pecho. Desesperadamente Liberio intentaba saltar escalones de dos en dos, las piernas le flojeaban, por primera vez en su vida estaba huyendo. Los policias gritaban por las escaleras y se armaba un gran revuelo. por fin llego el libelula al último rellano.La puerta de la terraza estaba cerrada con llave, era su única salida. El tiempo se detuvo. A dos metros de la puerta, por encima de los últimos escalones había una ventana, la abrió y se asomo a ella: hacia abajo, el deslunado, a la izquierda, tras una pared la terraza con sus hilos de tender la ropa. Liberio dudó unos segundos. Los policias se acercaban cada vez más. Liberio se subió como pudo al marco de la ventana y saltó a la pared de la terraza. Como un rayo empezó a correr y a saltar de terraza en terraza, se sentía libre. Probó la puerta de una terraza, estaba cerrada a cal y canto. La siguiente estaba abierta, Liberio bajo raudo por las escaleras, el miedo aún le seguía en el cuerpo aunque más suave, el corazón se había calmado un poco. Por fin llegó a la planta baja. Abrió la pesada puerta de la calle y se asomó:a unos cincuenta metros seguían las luces de los coches patrulla. Liberio salió andando, lo había visto en las películas, si corría llamaría la atención, se giró hacía atrás, creyó ver a dos policías que venían hacia él, empezó a correr como nunca lo había hecho en su puta vida, sus cortas piernas parecían no tocar el suelo, no sabía si le seguían o no, de pronto vislumbró un callejón mal iluminado y se dirigió allí, a media luz había un contenedor de basura, lo abrió y con su escasa altura se encaramó a él como pudo y se dejó caer dentro. Los nervios empezaron a aflojar, se sintió un poco a salvo, protegido entre aquellas putrefactas bolsas de basura con las que él estaba tan familiarizado por su oficio. Allí, agazapado, se sentía como un animal en su guarida.
De repente, fuera oyó ruido, alguien venía. Una anciana de pelo completamente blanco dejó una bolsa de basura en el suelo y abrió costosamente el contenedor. Liberio veía el exterior como una lejana luz al final de un largo túnel. Alargó su mano,s e incorporó un poco. Su mano rozaba el cuello de la anciana. La pobre vieja inició lo que parecía un aullido. La mano alcanzó la garganta.Y empezó a apretar con una fuerza descomunal cortando el aullido en seco y partiendo la traquea como si fuera un mondadientes. Acto seguido Liberio soltó y la abuelita cayó como un saco de patatas.
Durante los días siguientes, Liberio iba ocultándose de contenedor en contenedor, se alimentaba de la basura. Varias personas fueron apareciendo estranguladas de la misma manera, la primera de ellas, el padre de Liberio. Bajó a tirar la basura y¡zas! Y aquí ocurrió una cosa extraña: una vez muerto su progenitor al libélula le entraron unas ganas tremendas de defecar, así que ni corto ni perezoso se bajó sus malolientes pantalones y depositó una gran moñiga humeante sobre el pecho de su padre. Aquello se acabó convirtiendo en un ritual y en la firma de lo que los medios de comunicación dieron en llamar "El asesino del apretón". UN ASESINO ANDA BASTANTE SUELTO proclamaba un titular de prensa. Sesudos psicólogos criminalistas y también enchufados que opinan de todo tipo de temas se sentaban en los sillones de los programas para analizar y reanalizar la según ellos compleja personalidad de este hombre diminuto. Dijeron que era un sociópata excremental. Un contertulio montó una embarullada teoría sobre el asesino diarreico llena de presuntos simbolismos y aseveró que Liberio sufría una especie de aguda diarrea mental que se somatizaba y encontraba salida a sus impulsos en el momento en el que ejecutaba a sus víctimas. Se sacó a colación el semen encontrado en la lengua del cadaver de su mujer y bla,bla,bla... A la misma hora que se decía esto en una cadena de televisión, Liberio acababa de enganchar por el cuello a una nueva víctima, una mujer madura. Muchas veces se había imaginado esta señora como sería morir así. Notó que no podía respirar, se sentía como si la estuvieran aplastando, como si todo el peso del mundo estuviera sobre su cuello, miraba a su verdugo con furia, con impotencia, sin entender nada, sin entender por qué. Cada centimetro de su cuerpo se tensaba al máximo de sus posibilidades. Percibía el interior de su traquea como una cosa dura que se clavaba dentro de su cuello e iba hacía atrás. Deseó que aquel trance pasará rápido y al mismo tiempo deseó que aquello fuera sólo una terrible pesadilla y por un instante deseó vivir. No quería morir, no quería morir. Demasiado tarde. Cuando Liberio abandonó aquel cuerpo ya sin vida, desde una casa sonaba en la radio o en la tele el "Hoy no me puedo levantar" de Mecano.
Dentro de la cabeza de Liberio, alguna pieza se había roto definitivamente y nada lo podía ya frenar. Al menos, no él mismo....Un relato de: Espigado-CaracortadaEste relato pertenece a la saga de "!APRIETA FUERTE LIBERIO ¡" sobre el personaje LIBERIO "EL LIBELULA" . Personaje creado por Don Espigado-Caracortada.A continuacion recopilamos los anteriores relatos de dicha saga:1- !APRIETA FUERTE LIBERIO¡2- LA LIBELULA ASESINA